k-roset simulador kawasaki robotics robot

Por Xabier Iturralde

 

Tecnología  y formación

 

Vivimos en un momento de grandes avances tecnológicos. Términos que hasta hace poco tiempo eran desconocidos para unos, ciencia ficción para muchos otros, y son cada vez más recurrentes en nuestro entorno.

 

Mecatrónica, robótica, deep learning, cloud computing o smart factory por ejemplo, son conceptos que en muy poco tiempo han pasado de minoritarios a cotidianos. Esto se debe a la tremenda intensidad con la que evoluciona el sector productivo. Los procesos industriales llevados a cabo mediante manufactura directamente humana están siendo relegados a series cada vez más pequeñas y especiales. Para todo el resto, todos aquellos trabajos susceptibles de ser definidos a través de un algoritmo se ejecutan con un grado de automatización cada vez más elevado.

 

Es evidente que todos estos cambios en el esquema productivo conllevan a su vez grandes cambios en el mercado laboral. El perfil del operario de una cadena de producción, tal y como lo hemos conocido durante muchos años, está en decadencia. Trabajos repetitivos, pesados, sin valor añadido e incluso peligrosos son llevados a cabo por máquinas, líneas automáticas y robots.

 

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No se necesita ejercitar los bíceps, sino el cerebro.

 

Aquí es donde entra en escena el profesional tecnológico. Todos estos dispositivos, con una cada vez mayor implantación en nuestras factorías inteligentes, transforman el perfil de cualificación del músculo humano que dicha empresa necesita. Se elimina la fuerza bruta y se precisa de la inteligencia, de la inventiva y de la lógica.

 

Cómo nuestra sociedad sea capaz de generar, mantener y evolucionar la masa necesaria de profesionales tecnológicos es un trabajo global con un compromiso e implicación por parte de tanto los estamentos públicos como de los privados.

 

La iniciativa privada es fundamental ya que por una parte es el gran demandante de los perfiles profesionales tecnológicos. La empresa industrial es la que tiene la necesidad de incorporarlos a sus plantillas. Y por otra parte es esta misma empresa la que tiene el aporte de experiencia necesario para la formación final de los nuevos jóvenes profesionales.

 

Pero en este camino de “tecnologización” de nuestra masa laboral presente y futura, tanto o más importantes que las empresas privadas son también los organismos públicos o de vocación pública. Hay muchos actores implicados en esta ruta, desde las consejerías correspondientes y oficinas gubernamentales hasta los centros educativos, con la enseñanza profesional y las universidades a la cabeza.

 

Es interesante poner encima de la mesa una serie de diferentes problemas, fácilmente contrastables, que se encuentra la enseñanza profesional actual para impartir a los futuros profesionales ese conocimiento tecnológico.

 

Si deseamos mantener nuestra industria en los altos niveles de competitividad del mercado global necesitaremos buscar vías de solución para todos estos problemas y retos.

 

El primero de los retos es, posiblemente, uno de los de más difícil solución. Los centros de educación adolecen de una enorme inercia a la hora de actualizar sus programas formativos, principalmente cuando nos referimos a la enseñanza reglada. Desde el momento en que nace una tecnología hasta que se empieza a formar a los futuros  profesionales sobre ella pasa un periodo de tiempo largo, tan largo que en muchos casos resulta en incompatibilidad entre los conocimientos transferidos profesor-alumno y las realidades tecnológicas del momento.

 

Evidentemente, antes de comenzar a formar a los chicos y chicas sobre una tecnología hay que contrastar que la misma esté consolidada en el mercado; pero también hay que tener en cuenta el tremendo dinamismo de los avances tecnológicos. Hay muchos hitos en el camino: aparece una nueva tecnología, las empresas punteras empiezan a implementarla, la oficina o el organismo educativo pertinente decide que es interesante apostar por ella, se crea el programa formativo, se forma a los tutores y profesores y se comienza a impartir la formación a los profesionales tecnológicos del futuro. Entre el primer hito y el último pasa un periodo de tiempo tan largo, tantos años, que no es de extrañar que esta transferencia de conocimiento llegue tarde a las empresas productivas, restándoles competitividad frente a otras regiones internacionales más dinámicas como son las sociedades asiáticas, e incluso llegando a un caso extremo donde los conocimientos recién adquiridos ya son obsoletos porque han sido sustituidos
por avances tecnológicos más rotundos.

 

Paralelamente a esto, hay una falta de conexión entre las necesidades de la industria actual y los centros educativos. Aunque hay muchas puestas en común entre empresas y formación, estas resultan insuficientes. Los centros de enseñanza no reciben el feedback adecuado por parte de la industria.

 

El segundo gran reto es el de la falta de recursos económicos suficientes para que los centros educativos inviertan en materiales tecnológicos orientados a la formación. No diremos que las inversiones en educación son escasas, sino que dichas inversiones son insuficientes para los costes actuales de la tecnología. Por mucho que los fabricantes de tecnología hagan apuestas de inversión orientadas a introducir sus productos en los centros de formación, estamos hablando de dispositivos de alto coste. Un centro de formación profesional que quiera introducir una célula robótica en sus instalaciones, por ejemplo, deberá acometer una inversión que, aunque por debajo de los precios habituales de compra y eliminando todo margen comercial, será elevada, y también muy probablemente esté fuera del alcance del centro. Habitualmente se realizan donaciones de componentes tecnológicos ya desechados por antiguos u obsoletos, y por supuesto el centro los acoge con agradecimiento, como no puede ser de otra manera; pero tengamos muy en mente que formar a los futuros profesionales con tecnologías en desuso no favorece a la calidad de la formación.

 

La solución a estos dos retos de los centros educativos orientados a la formación en tecnología debe venir de diferentes frentes y se deben buscar diversas estrategias compatibles entre sí.

 

Desde Larraioz Elektronika, con un amplio conocimiento de las necesidades de nuestra industria, necesidades actuales y realistas, proponemos una serie de medidas con las que acotar estos problemas.

 

Respecto a las inercias en la formación y a la desconexión entre la necesidad tecnológica en la industria y los centros educativos, la solución es clara: establecer mecanismos de actualización de conocimiento, por una parte, entre los centros y su profesorado, y por otra, entre los fabricantes de tecnología y la industria. Los docentes tecnológicos deben estar en un estado de perpetua formación, nunca deben dejar de actualizarse. Una parte considerable de los recursos disponibles por cada profesor debe estar dedicada a adquirir nuevos conocimientos. Los organismos oficiales y la dirección de los centros no solo deben animar al equipo docente a estar en permanente actualización de conocimientos, sino que deben aportar los medios para ello. La actualización de forma permanente no es un capricho, sino una necesidad. Esta inversión en nuevos conocimientos ya se da habitualmente en la empresa privada, ya que es la única manera viable de estar actualizado sin recurrir a vías externas que generen dependencias. Indudablemente en educación debería ser todavía más importante.

 

En Larraioz Elektronika establecemos colaboraciones y acuerdos con centros educativos de diferente índole, desde la formación profesional a la universitaria. Abrimos las puertas a la docencia para que tome provecho de nuestro conocimiento tecnológico actualizado. Les hacemos partícipes de eventos informativos, realizamos asesoramiento y son invitados a las últimas formaciones que nuestro equipo técnico organiza de forma periódica, siempre de manera directa y sin repercutir en gastos al centro de  educación. Solo pedimos al docente su predisposición, su disponibilidad de tiempo y sus ganas de aprender nuevas cosas.

 

Para el problema de la falta de recursos económicos suficientes para invertir en equipamiento tecnológico moderno, la solución ideal debería venir de las administraciones públicas y de la dirección de los centros. Pero como esto no es fácil ni está en nuestras manos, debemos tratar de buscar otros mecanismos. No consideramos ético que las
iniciativas privadas, fabricantes de tecnología y empresas privadas, se lucren a costa de introducir sus equipos en los centros educativos. El retorno de la inversión deberá llegar cuando la tecnología sea implementada ya en la industria por medio de los futuros profesionales. Por otra parte, seamos conscientes de que formar a los chicos y chicas con equipos desechables por el fabricante por su estado obsoleto no ayuda a una formación acorde con la realidad actual.

 

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Desde nuestra empresa Larraioz Elektronika llegamos a acuerdos con los centros educativos para suministrarles componentes tecnológicos de última generación en las condiciones económicas más ventajosas, en permanente negociación con los suministradores internacionales y haciéndoles partícipes de la necesidad de apostar por el camino de introducción de las nuevas tecnologías en la enseñanza de los profesionales del futuro. Estas condiciones económicas pueden estar incluso por debajo de los costes de fabricación de los propios dispositivos si se tiene en consideración como una inversión de retorno a largo plazo, pero segura y muy beneficiosa.

 

Por otra parte también es cierto que es posible suministrar a los centros educativos multitud de herramientas de software sin ningún coste. Es interesante disponer de equipos físicos con los que “jugar” y aprender. Pero hoy en día existen multitud de herramientas de simulación tan capaces como los dispositivos físicos, y hay que echar
mano de ellas.

 

Larraioz Elektronika y Kawasaki Robotics ofrecemos a los centros educativos la herramienta de simulación offline K-Roset sin ningún cargo. Con esta herramienta se emula a un robot industrial Kawasaki de cualquier topología, desde 3 kg de capacidad de carga hasta 1500 kg, antropomórficos de seis ejes, cinemáticas delta pick&place, paletizado, etc., incluso robótica colaborativa.

 

Con el K-Roset se puede simular un entorno complejo con el que programar el robot y ejecutarlo en tiempo real para contrastar el resultado, y todo de la misma forma en que se realiza con un robot real.

 

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Hoy en día ya no podemos mantenernos en la idea de que para formar a nuestros futuros técnicos una condición indispensable sea el disponer de los dispositivos reales en nuestras manos: las herramientas de simulación offline tienen las mismas prestaciones que los equipos físicos. Si estas herramientas son utilizadas ampliamente por las ingenierías a la hora de diseñar, programar y reproducir una célula robótica antes de fabricarla y ponerla en marcha, también debemos considerar que es una opción igualmente válida como herramienta formativa. Dentro de las formaciones regulares que Larraioz Elektronika da a otras empresas sobre robótica industrial, el K-Roset de simulación offline es una herramienta tan válida como imprescindible. Evidentemente la entrega de las licencias del K-Roset sin cargo a los centros educativos no tiene ningún valor si no lo acompañamos de la formación necesaria a los tutores. Estas formaciones las aporta nuestra empresa en nuestras instalaciones centrales, sin aplicar costes económicos. Las ventajas de la emulación robótica son indudables: reducción de la necesidad de inversión en materiales hasta niveles nulos y la eliminación de riesgos de accidentes innecesarios. Los centros educativos pueden disponer de infinitos robots “virtuales” cuya funcionalidad y manejo es “exactamente” igual a la de los robots físicos, sin inversión económica en materiales junto con una operatividad segura.

 

Otro campo en el que nuestra firma Larraioz Elektronika trabaja de forma activa con instituciones del mundo formativo es el de la automatización y control. Codesys es el principal fabricante internacional de entorno de programación IEC61131-3 para dispositivos industriales. K-Roset de Kawasaki Robotics Este estándar de programación es el utilizado por las principales marcas de automatización para diseñar, programar y depurar soluciones en base a PLCs. No solo importantes firmas como Siemens, Rockwell u Omron diseñan sus plataformas de programación de PLCs rigiéndose por estos estándares, sino que otras grandes compañías delegan en Codesys el núcleo de sus sistemas de programación. Los sistemas de programación de dispositivos como Beckhoff, Schneider o Bosch, entre muchos otros más, están basados en la plataforma Codesys IEC61131-3.

 

CODESYS logoOrientándolo alrededor del mundo de la enseñanza, los centros invierten grandes recursos económicos en la compra de paquetes de PLC para formar a los futuros profesionales. La propuesta conjunta de Larraioz Elektronika y Codesys está en la entrega de paquetes de licencias de Runtime Codesys sin cargos económicos, con las que convertimos un dispositivo tan habitual en nuestros entornos, como es una Raspberry Pi, en un PLC programable con tanta o más potencia y versatilidad que un PLC convencional.

 

 

A través de Codesys, una Raspberry Pi se programa exactamente igual que un PLC industrial, con los lenguajes de programación IEC tales como Ladder o contactos, Texto Estructurado o Diagrama de Flujos o Programación en Bloques, entre otros más. La Raspberry Pi y Codesys permiten la ejecución de programas PLC en tiempo real a la vez que aportan la funcionalidad de buses de campo industriales tan extendidos hoy en día como son ProfiNet, EtherCAT, Ethernet IP, ModBus o CANopen entre otros.

 

raspberry pi larraioz

Además, el servidor OPC integrado o la funcionalidad SMTP abren la enseñanza sobre el dispositivo a la Industria 4.0. Todo esto, junto con la edición del Scada del interfaz gráfico, tanto local como remoto vía WebVisu, hacen de la pareja Raspberry Pi y Codesys una plataforma ideal para la formación de nuestros futuros profesionales. El centro educativo solo debe adquirir en el mercado las plataformas hardware de Raspberry Pi (módulo Raspberry + tarjeta SD alrededor de 40€), Larraioz Elektronika aporta sin cargo las licencias de Codesys y la capacitación de los profesores encargados de la formación. Y exactamente el mismo planteamiento en caso de tener que dar pasos más allá, Larraioz Elektronika y Codesys ponen en manos de los centros educativos licencias de Raspberry Pi, Beagle Bone Black, SoftPLCs y otras más.

 

La óptima formación de nuestros futuros profesionales es fundamental si queremos una sociedad tecnológicamente competitiva en un mercado cada vez más dinámico. Este reto es un trabajo de todos: sociedad, organismos públicos y empresa privada. Larraioz Elektronika aporta su granito de arena.

 

Review Cómo colaboramos entre empresas y centros formativos para una sociedad tecnológicamente competitiva.

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